Palabras por la independencia catalana . ALBERT SANCHEZ PIÑOL

Palabras por la independencia catalana.

Palabras por la independencia catalana

Debate. Dos catalanes cuestionan las posiciones de Nuria Amat en Ñ contrarias al independentismo.

POR ALBERT SANCHEZ PIÑOL

El pasado 1 de agosto la señora Nuria Amat publicó un artículo sobre el actual proceso político que estamos viviendo en Cataluña en la revista Ñ. Como ciudadano catalán, o simplemente como ciudadano, me siento obligado a expresar no ya mi estupor, sino mi desazón y pesadumbre por la suma de absurdos, vituperios y falsedades con que dicho artículo describe la realidad catalana.

Permítanme, antes que nada, una puesta en escena lo más sucinta posible. En los últimos años varias fuerzas políticas catalanas han coincidido en reclamar al Estado español el llamado “derecho a decidir”, que tendría que expresarse en un referéndum al estilo quebequés o escocés. Madrid se ha opuesto tajantemente a dicha iniciativa, alegando que las leyes españolas lo prohíben. Ante ese bloqueo institucional, Cataluña ha vivido manifestaciones populares absolutamente masivas cada 11 de septiembre, la Diada catalana. (Nos referimos a convocatorias que han llegado a reunir más de un millón de manifestantes en un país de siete millones y medio de habitantes). La situación parece que llegará a su clímax el próximo 27 de septiembre, cuando varias fuerzas políticas catalanas –de derechas y de izquierdas–, se presenten coaligadas a las elecciones autonómicas de ese día con la intención de proclamar la independencia.

Hasta aquí los hechos. Y ante ellos cada cual puede posicionarse como le plazca. Lo que en ningún caso puede ser legítimo, ni ético, es acusar a un adversario probadamente democrático de estar poseso de una “chifladura nacionalista”, de “secuestrar la lengua castellana” (¡!), o de “actuar como Hitler”. Lo que más molesta de dicho artículo es el modo como la autora se escuda en Orwell para, justamente, actuar como el Gran Hermano. No importa que las asociaciones ciudadanas que han generado el movimiento popular más importante, y revulsivo, de Europa Occidental beban de las fuentes republicanas, o que sus ejemplos inspiradores sean Gandhi y Nelson Mandela. No. Según la señora Amat el mundo afronta un reto tiránico, y está en Cataluña. La realidad es absolutamente inversa: la ANC (Asamblea Nacional Catalana) siempre ha hecho hincapié en que sólo reivindica un derecho democrático, y que éste debe ser conquistado de un modo radicalmente pacífico. Una anécdota. En la convocatoria del 11 de septiembre la ANC puso todo el empeño en que la concentración humana fuera impoluta. Bien pues, la persona que centralizaba las llamadas de emergencias lloró dos veces. La primera, al no recibir ninguna: creyó que una avería masiva afectaba al sistema. La segunda, al constatar que no había llamadas porque, simplemente, no había incidentes. Ni uno. Más de un millón de personas en la calle y ni una papelera volcada. Y sin embargo, ¿qué afirmaba Amat en su artículo? Que la ANC pretende, nada más ni nada menos, que… ¡fundar un ejército de guerrillas! (sic). Ya lo decía Orwell: lo importante no es el mensaje, sino quien controla el megáfono. Y ya lo digo yo: si Hitler resucitara acusaría a sus enemigos de nazis.

La brevedad de estas líneas no nos permiten rebatir todas las barbaridades de la señora Amat, así que nos centraremos en tres puntos: que los soberanistas “dividen a los catalanes en buenos y malos”, que “reinventan el pasado” y que se dedican a “batallitas represivas contra sus escritores”. Al respecto, mira tú por donde, podríamos citar un ejemplo muy reciente, y que incluye los tres puntos.

No hace mucho me encontraba en Holanda, presentando mi última novela, cuando la embajada española decidió suspender el acto alegando “que tocaba un tema muy sensible”. Cuesta de creer que en pleno siglo XXI un poder político censure novelas. La ignominia fue tan mayúscula que llegó al parlamento catalán y al español, y toda Holanda se hizo eco. Por cierto: se trataba de una novela histórica. De los miles de novelas que han aparecido en los últimos años, al parecer el gobierno sólo tenía ojos para atacar una: la que narra la historia catalana. Por fortuna la sociedad catalana no está tan dividida como afirma la señora Amat. ¿Saben cuál fue la voz que más alto se elevó contra ese acto de vil censura? La de alguien tan noble como poco favorable al independentismo: Javier Cercas.

La señora Amat concluye su artículo con un: “¡Cuánta literatura perdida!” En eso vamos a darle la razón. Me habría gustado invertir el tiempo que me ha costado esta página en mis libros. Se lo aseguro. Pero cuando uno ve que las patochadas anticatalanistas se repiten hasta el hastío, cuando tenemos que soportar la ignominia y la falsedad sistemática, en ese caso uno puede refugiarse en mundos de fantasía o puede sostener los tabiques de la realidad contra los arietes de la estupidez y la malevolencia. En tiempos convulsos la primera obligación del escritor quizás no sea dedicarse a sus obras, sino a combatir sandeces. Y siempre vivimos tiempos convulsos. He aquí una de nuestras tragedias.

Sánchez Piñol es antropólogo y escritor. Es autor de “Pandora al Congo”; “Tretze Tristos Tràngols”; “Victus”; “Vae Victus”; entre otros.

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