9N – Hay Partido | BOXED PRESS – Constantí Segarra

9N – Hay Partido | BOXED PRESS – Linkis.com.

9N – Hay Partido.

Después de depositar su voto, un hombre que fue entrevistado por El Paísdurante la mañana del 9N, afirmó: “hoy empieza un día que durará años. Si hay más de dos millones de participantes, este es un partido que se puede ganar”.

Estaba en lo cierto. Con 2,3millones de votos al 9N, hay partido. Y es ganable.

A continuación analizaremos en profundidad los efectos políticos del 9N: el camino de la consulta al ‘proceso participativo, los precedentes de la consulta, la participación y los resultados, el rol de diferentes partidos y asociaciones y los escenarios que se dibujan a partir de ahora.

1a Parte: Valoración 9-N: Victoria sin mandato.

  1. El ‘Nuevo 9N’ y la Auto-Devaluación del mandato electoral.

El Proceso Participativo, el ‘nuevo 9-N’, nació el 14 de Octubre como híbrida respuesta del gobierno catalán de evitar la desobediencia al Tribunal Constitucional y, a la vez, poner las urnas el 9N. Fue un pactado, y ágil movimiento de Artur Mas, que le permitió encontrar una salida digna y que desconcertó al personal, sobre todo a ERC.

Técnica y logísticamente, el nuevo 9N suponía eliminar la campaña electoral (no hubo ni un solo debate), reducir los colegios electorales y, lo peor, sacrificar un censo electoral claro.

Políticamente, el proceso participativo nacía auto-devaluado por el propio gobierno catalán, que anticipaba que de la pseudo-consulta no saldría ningún mandato electoral, independientemente de la participación y del resultado. Esta declaración de auto-devaluación fue clave para que el Estado permitiera la consulta.

Más allá de la teatralidad política, los mandatos electorales no se deciden en ruedas de prensa sino en las urnas. Los resultados del 9N permiten analizar cuál es la correlación de fuerzas actual para conseguir un mandato electoral para conseguir la independencia.

 

  1. Precedentes – Escocia y Montenegro.

A la hora de valorar la participación y el resultado del 9N, hay que comparar con los últimos dos casos en Europa: el referéndum de Escocia en 2014 y el de Montenegro en 2006.

El caso escocés, fruto del acuerdo entre los dos gobiernos, no estableció mínimo de participación y el ganador se decidiría por mayoría simple (50% + 1 de los votos).

En el caso de Montenegro, la Unión Europea impuso un mínimo de 50% de participación y un mínimo de 55% de votos afirmativos para consagrar la secesión.

The Economist ha sorprendido en un artículo titulado ‘Let them vote con una propuesta ad hoc para Catalunya: un mínimo de 80% de participación, mayoría simple, y, si ganara el ‘Si’, una segunda vuelta a los tres años. Reclamar un mínimo de 80% de participación parece un poco excesivo teniendo en cuanta la abstención estructural del 15%-25% que existe en España y significaría que el unionismo ganaría siempre apostando por la abstención.

Para lograr un mandato electoral, facilitar el reconocimiento internacional y bloquear resistencias, Catalunya se debería de poner como objetivo conseguir las proporciones montenegrinas.

  1. Participación

Participaron en la consulta 2.3 millones de personas. Movilizar tanta gente en una consulta declarada ilegal, auto-devaluada por los mismos convocantes, con limitados puntos de voto y sin garantías de conseguir un mandato electoral fue una victoria del independentismo, un gran poder de movilización, un gran acto de internacionalización y demostró la demanda real en la sociedad catalana de un referéndum de autodeterminación.Participacion 9N 9N   Hay Partido.

El censo exacto es desconocido, pero el Instituto Nacional de Estadística –INE- lo sitúa en 6,2 millones, un 14% más elevado que en las autonómicas de 2012, que estuvo en 5,4m.

La fórmula del INE, que ha sido acusada de maximalista, -aunque ni la Generalitat ni IDESCAT hayan aportado una aproximación alternativa-, consiste en sumar toda la población catalana mayor de 16 años, más 221mil ciudadanos catalanes que están registrados en el extranjero, más 900mil ciudadanos de nacionalidad extranjera que viven en Catalunya, aunque tengan un permiso de residencia temporal.

A lo mejor la Generalitat quiso darle un toque de apertura a la consulta, pero la verdad es que incluir al censo a la población extranjera diluyó, y mucho, la participación proporcional y el mandato electoral que le corresponde.

Si se usa el censo del INE, los 2.3 millones de votantes suponen un 37% del censo.  Si se usaran los votos absolutos del 9N con el censo de 2012, la participación subiría al 42%. En cualquiera de los dos métodos, no se llega al 50% de participación.

  1. Resultado

El indeResultat 9N 9N   Hay Partido.pendentismo, con 1,8m de votos – 80% de las papeletas-, ganó claramente el Referéndum. Usando el censo del INE, esto significa el 29% del censo. Usando el censo del 2012, sube al 33%.

Como era previsible, el bloque del ‘No’ se refugió en el carácter inconstitucional de la consulta para potenciar la abstención en lugar del enfrentamiento democrático.

Esta consigna, no obstante, no fue seguida por todos: un total de 440mil de votantes del 9N, un 19.24%, no fueron en pro de la independencia. Hay sin duda una demanda de votar mayor que la fuerza soberanista.

  1. Valoración Política

 Hay unas claras primeras valoraciones sobre el 9N:

  1. Catalunya desobedeció al marco constitucional español y realizó una consulta sobre la autodeterminación, y la ganó con 1,8millones de votos, consolidando el independentismo como fuerza mayoritaria hoy en Catalunya.
  1. Los resultados de la consulta no lograron un mandato electoral para declarar la independencia. Si bien el independentismo es mayoritario, no suma, por sí solo, el 50% del censo. 
  1. En síntesis, hay victoria pero aún falta el mandato electoral.

 

 5.1 La desobediencia

A pesar de que la consulta nacía devaluada y sin mandato, no se puede menospreciar que tanto el gobierno autonómico como más de 2 millones de votantes claramente hicieron un acto de desobediencia al estado español, que había ilegalizado el 9N.

La participación fue similar al Referéndum del Estatut del 2006 o las Europeas del 2014, pero en un escenario adverso como la ilegalización el Referéndum, mostrando hasta qué punto se ha transformado el escenario catalán (hasta hace bien poco  parecía insólito e imposible votar la independencia) y, a la vez, limitaciones del estado español y falta de control efectivo sobre la política catalana.

La desobediencia ha sido un paso de gigante en el ejercicio de soberanía, en cómo la población asimila que es posible auto-determinarse y cómo durante toda la jornada del 9N la autoridad española pareció no existir en Catalunya. Y ha habido liderazgo de un presidente que es tratado en España como si fuera un esclavo fugado de una plantación y que debe volver al orden y dejarse de aventuras. La desobediencia es, también, al ‘ordena y mando’ del Madrid casposo y castizo.

5.2 independentismo, mayoritario en Catalunya

Los motivos de euforia no se reducen a la desobediencia. Cuantitativamente, hay razones para percibir la viabilidad de la independencia.

El independentismo ha pasado desde ser marginal en Catalunya a ser la opción mayoritaria en solo seis años, mostrando el salto cualitativo durante la Gran Recesión y las políticas de austeridad.

En las Generales de 2008, a un año de la crisis, ERC sacó el 7.86% de los votos, y ERC y CiU sumaron el 29%. La suma de PSOE y PP fue del 62%. Qué lejanos quedan estos resultados y qué extraordinario ha sido el cambio de escenario.

En términos absolutos, el independentismo se mantiene estable cerca de la cifra de 2 millones pero sin superarla. Nadie duda que haya sido un gran resultado. El tema es si es un resultado suficiente para lograr la independencia.

Podría serlo. Lo que es seguro es que es un resultado que coloca al independentismo como fuerza mayoritaria en Catalunya.

Con 1,8m de votos se hubiera ganado todas y cada una de las contiendas electorales celebradas en Catalunya, tanto generales como autonómicas desde 1977 a 2012.

Y no solo ganar, sino lograr también la mayoría absoluta: cuando termine el recuento final de votos (a finales de Noviembre) el ‘Si-Si’ habrá recibido más votos el 9N que la mitad más uno de todos los votantes en todas las convocatorias electorales desde 1977, excepto las Generales del 2004:


Votos 9N Vs Participacion 1999 2012 9N   Hay Partido.
En un escenario en que el bloque del ‘No’ hubiera ido a votar en lugar de abstenerse y hubiera obtenido unos resultados similares a la suma de PP-PSOE-Ciutadans-UPyD-PxC en las últimas elecciones catalanas, un total de 1,3 millones, el independentismo habría salido claramente ganador.

Incluso si añadimos a este bloque un aumento del 14%, correspondiente a lo que ha aumentado el censo, (a pesar de que el bloque soberanista no ha tenido ésta subida) el unionismo quedaría a 1,5 millones, por debajo aun de los 1,8millones, aunque no muy lejos.

Las elecciones plebiscitarias y/o un Referéndum Oficial aumentarían la participación. El caso más similar sería el de las Generales del 2004, la contienda electoral con más participación de la historia de Catalunya, con un total de 4millones de votos, el 76% del censo, y producida tres días después del 11-M. Por relevancia y transcendencia es el ejemplo más próximo que tenemos.

Usando el censo de 2012 (5,4m) y la participación del 2004 (76%) da un total de 4,1 millones de potencial participación. Hay que asumir ya que existe (en Catalunya i en España) alrededor de un 20-25% de abstención estructural que, algún día, estaría bien resolver.

Si se usa el mínimo requerido con Montenegro, un 55% de votos a favor, estaríamos hablando que la independencia requeriría unos 2,25 millones de votos. Si se usa como mínimo la mayoría simple escocesa (50%+1), bastarían unos 2,05m de votos. Ambos quedan arriba del techo actual del soberanismo pero es un resultado factible si se concibe las elecciones como ‘la votación final’. Mucho más difícil lo tiene el bloque unionista, tan desmovilizado y desarmado dialécticamente como está, conseguir movilizar 2millones de votos.

En definitiva, el 9N ha logrado hacer aún más viable la posibilidad de lograr realmente la secesión, romper tabús y transformar mentalidades y realidades: los catalanes ya saben, y no por recuentos en manifestaciones sino en votos, que existe una mayoría independentista en Catalunya.

5.3 El independentismo, insuficiente para lograr el 50% por si solo

Si bien los 1,8 millones de votos convierten en el independentismo en la opción mayoritaria de Catalunya, existen motivos para no naufragar en la euforia y creer que la independencia está a la esquina por gracia determinista.El voto independentista 2012 2014 300x237 9N   Hay Partido.

El voto absoluto soberanista parece estar cerca de tocar techo. Incluso con un censo ampliamente superior al de 2012, los votos del Si-Si, 1,86 millones, se parecen demasiado a la suma de papeletas que lograron CiU, ERC y CUP en 2012, que fueron 1,74m. Si sumáramos los votos de SI y la mitad de los de ICV, la cifra es incluso superior.

Peor aún, los 1,8millones de votos solo suponen entre el 29%-33% del censo, lejos de lograr por sí solo el 50%.

En el escenario optimo (participación 2004, censo 2012), si el bloque del ‘No’ potencia la abstención hay un problema. Usando el método montenegrino, deberían de participar como mínimo 2.7 millones de personas (50%+1 censo).

Esta es la fuerza que necesita el independentismo para auto determinarse realmente sin tener dependencias ni de España ni del unionismo y es la cifra que hubiera dado realmente un mandato electoral por muy devaluada que naciera la consulta.

Esta cifra también tendría el valor simbólico de superar al número de catalanes que votaron a favor de la Constitución del 78.  Si bien el censo era inferior en aquel entonces, la práctica es que significaría que existen muchos más catalanes vivos que votaron la Independencia que no que votaron una Constitución que niega el derecho a la autodeterminación. Si el independentismo sacara 2.7 millones por sí solo, no solo eliminaría la dependencia al bloque unionista, sino que crearía una narrativa irrefutable en la arena internacional.

Pero a día de hoy el independentismo parece lejos de lograr los preciados 2,7m cuando en los dos últimos años, en plena movilización, en plena crisis y pudiendo por fin llegar al 9-N, se ha mantenido en proporción similar de 1.7m-1,8m. Lograr otro millón parece fuera de abasto a corto plazo.

Y en un escenario que el independentismo es mayoritario pero no logra por si solo el 50% del censo, ¿por qué debería el unionismo salir en su ayuda? La posición unionista por la abstención es coherente con su finalidad. Si el unionismo participara, el referéndum lo ganaría el independentismo superando el mínimo de participación. Pero si el unionismo no participa, el independentismo por sí solo no llega al 50%. La dependencia a la participación del unionismo para lograr un mandato electoral por la independencia es un claro catch-22 de difícil resolución.

La abstención ha sido, es y será la última carta del unionismo para evitar un mandato electoral independentista irrefutable.

5.4 La unidad de los partidos políticos y la movilización popular

Desde el 29 de Setiembre -en que el Tribunal Constitucional suspendió la consulta original-, al 14 de Octubre, -cuando Artur Mas convocó el ‘Proceso Participativo’-, Catalunya vivió unos días llenos de enigmas, altas dosis de escenificación y de esperpénticas negociaciones paralelas entre el gobierno catalán y el español, entre CiU y ERC, y entre las fuerzas a favor del derecho a decidir.

Con tal de sortear la impugnación del Constitucional, Artur Mas hizo una propuesta con la que conseguir, otra vez, mantener abierto el camino hacia la independencia sin hacer aun el paso inevitable del proceso: la ruptura con el marco legal. Mas, equilibrista, intenta aplazar este paso, pues supondría la ruptura definitiva con UDC y con la alta burguesía catalana. Y hay miedo en sectores convergentes a romper con su hábitat natural.

La propuesta del ‘Proceso Participativo’ mantenía la fecha, la pregunta y las urnas pero reducía los puntos de voto, delegaba la ejecución en voluntarios, y sacrificaba la campaña, los debates, el censo y el mandato electoral.

Mas pudo hacer esta propuesta porque la presión que recibió el gobierno durante esos 15 días para desobedecer el Constitucional fue limitada. La ANC, que tiene el mayor poder de convocatoria hoy en Catalunya, despareció del mapa. Mientras organizaciones juveniles organizaron marchas y acampadas, la ANC se mantuvo al margen. La izquierda independentista catalana, históricamente la principal fuerza soberanista del país, debería recapacitar de cómo ha conseguido en tan poco tiempo perder tanto poder de movilización y, a la vez, estar tan alejado de las estructuras de dirección de la ANC para incidir desde allí al marco político actual.

La CUP, por su parte, no salió de su esquema mental de que lo importante era celebrar el 9N, incluso si era tan rebajado que en la misma convocatoria se negaba el carácter de mandato electoral.

Solo ERC se quejó públicamente de lo inadecuado e inútil que era la auto-devaluación en el proceso soberanista y pidió volver a la consulta original. Fue en vano y tuvo que rectificar a los pocos días después de recibir presión de todos lados.

Es como si el independentismo catalán había quedado tan emocionalmente ligado a la fecha del 9N y tenía tanto miedo a la frustración que no ocurriera nada aquel día, que, el factor más importante, el mandato electoral del referéndum, se sacrificó con muy poca oposición y se dio por buena la jugada de Artur Mas.

A aceptar la consulta descafeinada ayudó el marco mental de celebrarla incluso con la prohibición de Madrid, reconvirtiendo el 9N a un acto de dignidad, de correlación de fuerzas y de internacionalización del conflicto.

Solo el tiempo dirá si es la acumulación de fuerzas obtenida compensan la oportunidad perdida de lograr un mandato electoral en aquel momento.

 2a Parte: ¿Y ahora, qué?

Hay partido y el proceso no muere. Hay tres posibilidades a corto-medio plazo para lograr el mandato electoral para conseguir la Declaración de Independencia: el Referéndum Oficial, el Referéndum Unilateral y las Elecciones Plebiscitarias. Hay una cuarta opción que no conllevaría mandato electoral alguno, pero que es plausible: agotar la legislatura.

6.1 El Referéndum Oficial

Un referéndum vinculante pactado a la escocesa, con campaña pública y con aceptación de los resultados. Este sería el mejor escenario posible para el independentismo. De un lado con la correlación de fuerzas actual se podría anticipar una victoria del ‘Si’ superando los mínimos de participación. De otro, ante la posibilidad de una separación tranquila y pactada se volcaría tanto la población como el sector privado catalán, asustado por el divorcio traumático

Este escenario, no obstante, parece descartado debido, justamente, a la correlación de fuerzas actual. Detrás del bizantino debate sobre la divisibilidad de la soberanía española se esconde la certeza que el unionismo es hoy minoría en Catalunya y no se puede permitir el riesgo de un Referéndum Oficial.

Solo en un escenario de presión empresarial y/o internacional, Madrid podría aceptar convocar un Referéndum. Pero el nivel de conflictividad popular en Catalunya o de influencia diplomática de la Generalitat están hoy muy lejos de conseguir este objetivo.

Organizaciones como la ANC que llevaban meses bajo optimistas análisis de proclamación de la independencia poco después del 9N y que concebían el proceso independentismo como si estuviera marcado por el determinismo histórico, deberían reflexionar profundamente la estrategia y analizar cuáles son los requerimientos para que España se vea forzada a aceptar un referéndum. Está claro que una manifestación al año es insuficiente.

Otra opción es un cambio en la correlación de fuerzas de España: una victoria de Podemos podría permitir un Referéndum Oficial. No obstante, para que Podemos pudiera gobernar y evitar la Gran Coalición, necesitaría ganar por mayoría casi absoluta, escenario poco probable. Y, aun consiguiéndola, habría que ver si realmente la izquierda española una vez al poder sigue defendiendo el derecho de autodeterminación de Catalunya.

6.2 El Referéndum Unilateral

Otra opción sería el Referéndum Unilateral. Parecido al 9N pero con una logística claramente superior: una campaña electoral real, puntos de votación óptimos sin colas tercermundistas y, sobretodo, un censo real de donde sacar claramente un mandato según la participación electoral. En otras palabras, como si se hubiera desobedecido el 9N original.

La principal ventaja de esta opción es que no depende de España para realizarse. La mala noticia es que sin la oficialidad del Referéndum, el bloque del ‘No’, previsiblemente, volvería a apostar por la abstención, con el fin de deslegitimar el resultado final y evitar lograr el 50% de participación. Hoy el independentismo parece incapaz de movilizar al 50% del electorado en un Referéndum Unilateral. Y, al no conseguirlo, el mandato electoral sería demasiado tibio para hacer una declaración.

Así que esta opción probablemente terminaría con un escenario muy parecido al actual y no sería resolutorio.

6.3 Las elecciones Plebiscitarias

Las elecciones plebiscitarias parecen hoy la única fórmula existente y viable para lograr un mandato electoral a corto y medio plazo.

De un lado no requieren el permiso de España y, de otro, el unionismo se deberá presentar, con lo que la actual correlación de fuerzas daría una victoria a las fuerzas soberanistas superando, de largo, los mínimos de participación.

Tienen el inconveniente que técnicamente son unas elecciones autonómicas ordinarias, por mucho carácter plebiscitario que se le quiere dar y que el mandato electoral que surja tendrá más complicado el reconocimiento internacional. Hasta 8 diferentes fuerzas con diferentes programas pueden conseguir escaños, diluyendo mucho el mandato electoral real. Además, habrán partidos que no se posicionaran en ninguno de los dos bloques, como Podemos, cuya irrupción es imposible de anticipar hoy.

Políticamente, difícilmente se logrará hacer una candidatura unitaria con todo el bloque del Si-Sí. Y, sin candidatura unitaria, difícilmente se conseguirá que todas las listas independentistas separadas solo tengan un punto en el programa y no meter la coletilla partidista.

Y, más complicado que pactar el programa, seria pactar un gobierno de concentración y la hoja de ruta:

¿Se van construyendo ya las estructuras de estado (hacienda, seguridad social, etc) o se espera a la declaración?

Y la gran clave de todo el proceso, ¿en qué momento se hace la Declaración Unilateral de Independencia –DUI-? Hay varias opciones: en la noche electoral, en el primer pleno del nuevo parlamento, después de una ronda de negociaciones con el estado, después de pedir formalmente, otra vez, un Referéndum Oficial al estado y a la Unión Europea, después de organizar un Referéndum Unilateral, después de tener preparadas las estructuras de estado, al menos la Seguridad Social y Hacienda, después de hacer una semana de huelga, etc.

Hay muchos escenarios, no todos se pueden anticipar ahora y, por lo tanto, de muy difícil acuerdo preelectoral entre las fuerzas soberanistas. ¿Qué ocurre si una fuerza va a las elecciones pidiendo un Referéndum Oficial y otra pidiendo directamente la DUI? Esto diluiría aún más el mandato electoral, ya tocado por el hecho de surgir de unas elecciones autonómicas y no de un referéndum.

Las plebiscitarias son, pues, la única alternativa viable y controlada desde Catalunya para lograr un mandato electoral a corto plazo. Sin embargo, supondrían tantas complejidades que requerirían de un esfuerzo de inteligencia y coordinación que solo sería manejable si realmente existiera una agenda genuinamente independentista a corto plazo entre todas las fuerzas, asumiendo la necesidad de romper con el marco constitucional español, e ignorando las presiones reconciliadoras.

Muy difícil, más después de ver cómo la unidad de los partidos pro-consulta estalló en la reunión del 13 de Octubre donde el gobierno comentó que aceptaría la prohibición del Constitucional y propuso la alternativa descafeinada.  La falta de confianza, sobretodo, entre Mas y Junqueras, complicará el futuro inmediato del proceso y limitará la gestión de las plebiscitarias y de una dirección colegiada  en la hoja de ruta de la secesión.

Pero no imposible si, sobretodo, el proceso va acompañado, ahora sí, de una fuerte movilización popular para lograr el mandato electoral y llevarlo hasta las últimas consecuencias.

6.4 Agotar Legislatura

La opción del establishment catalán y español es que Artur Mas intente agotar la legislatura, ya sea en minoría o con el apoyo del PSC o de ERC. No es una opción remota, sobretodo porque tiene buena narrativa: ‘la necesidad de gestionar el día a día para sacar Catalunya de la crisis, la necesidad de construir estructuras de estado, la necesidad de abrir ahora el melón constitucional, la necesidad de esperar a la nueva correlación de fuerzas en España, la necesidad de convencer a los indecisos de las virtudes de la independencia’, y un largo etcétera. Se puede vestir la inacción con una narrativa muy independentista.

Pero pronto llegará el día en que, por muchas tácticas dilatorias, negociaciones, promesas, y conejos en la chistera que los actores saquen, no se podrá aplazar más el momento, y Artur Mas y CDC tendrán que decidir, finalmente, si dan otra oportunidad a la reconciliación con España o si aprovechan la ventana de oportunidad que la crisis ha abierto al independentismo.

Se entiende que la decisión la tomará el presidente catalán en los próximos días, después de analizar la viabilidad de la candidatura unitaria y los sondeos que le dan a su formación por separado, el llamado ‘Partit del President’ que pretende apartar las tóxicas siglas de CiU en las futuras elecciones.

Si se termina por agotar la legislatura, Artur Mas y el mundo convergente, no obstante, deberían anticipar que por mucha narrativa independentista que le den al estancamiento del proceso, estarán cavando su propia tumba electoral por mucho tiempo que ni un cambio de siglas podrá detener. Llegar a las municipales del 2015 sin convocatoria de elecciones anticipadas serán el primer indicador del gran declive que le espera a CiU.

Conclusión

En síntesis, el independentismo es hoy mayoritario en Catalunya y ganaría un Referéndum de Autodeterminación. La oposición española a pactar un referéndum, no obstante, impide esta solución. Las medidas de presión real de la movilización catalana y la acción diplomática de la Generalitat son, hoy, insuficientes para motivar la intervención internacional y/o empresarial que fuerce a España celebrar un referéndum. El cambio de la correlación de fuerzas en España debería ser muy grande y de muy envergadura para permitir un Referéndum en Catalunya y, en todo caso, no se obtendría hasta 2016.

Si bien es mayoría, el 9N demuestra que el independentismo no tiene la fuerza suficiente para lograr la movilización del 50% + 1 del censo (2,7m), impidiendo así el mandato electoral a través de un Referéndum unilateral si el unionismo apuesta por la abstención.

Lograr el mandato electoral se reduce ahora a unas elecciones plebiscitarias, el único escenario que garantiza la victoria independentista con la participación suficiente. No obstante, es un complejo camino que dependerá de la genuinidad de los líderes políticos a llegar hasta el final, la capacidad de obtener liderazgos colegiados, la creación de un gobierno fuerte que asuma la ruptura con el marco constitucional español y una movilización popular que empuje durante todo el proceso.

En definitiva, hay partido.

Constantí Segarra

Boxedpress.com

Estamos en Facebook i a Twitter.

Tags: 

About the Author.
Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s